La pantalla que no se apaga
Existe un ritual que se repite cada noche en millones de hogares colombianos: la luz se apaga en el cuarto, los adultos creen que los niños y adolescentes duermen y, sin embargo, a pocos centímetros de la almohada, una pantalla sigue activa. TikTok, Instagram, YouTube Shorts. El scroll infinito fue diseñado exactamente para ese momento de baja guardia.
Los datos confirman lo que muchas familias y colegios sospechan, pero pocos quieren aceptar. Según Kaspersky (2025), el 64% de los niños en Colombia pasa hasta 9 horas diarias frente a pantallas sin ningún tipo de supervisión adulta. En vacaciones o semanas de receso, esa cifra se dispara. La franja nocturna —cuando no hay quien acompañe ni oriente— concentra buena parte de ese tiempo.
La Academia Americana de Pediatría es clara al respecto: las pantallas deben apagarse al menos una hora antes de dormir. Pero el problema va mucho más allá del insomnio o el rendimiento académico. El riesgo real está en lo que sucede mientras los niños y adolescentes navegan solos, en la oscuridad, con la guardia completamente baja.
La inteligencia artificial al servicio del acoso: una amenaza que evoluciona
Durante años, el ciberacoso fue sinónimo de insultos en redes sociales, capturas de pantalla difundidas sin permiso o rumores que se viralizaban. Hoy, la inteligencia artificial le ha dado al agresor una herramienta completamente nueva y devastadora: la capacidad de fabricar realidad.
Con aplicaciones gratuitas y un teléfono inteligente, cualquier persona puede crear imágenes, audios o videos falsos que reemplazan la cara o la voz de otra persona. Lo que antes requería conocimientos técnicos avanzados, hoy está al alcance de cualquiera. Y cada vez más, se utiliza contra niños y adolescentes.
Según Najat Maalla M’jid, Representante Especial de la ONU sobre Violencia contra los Niños, este tipo de herramientas se emplea cada vez con más frecuencia para humillar, acosar y ejercer coacción sobre los menores. En su intervención ante la ONU en marzo de 2026, M’jid advirtió que los rápidos avances de la IA generativa están haciendo que el ciberacoso sea más rápido, más dirigido y más difícil de detectar, propagándose a gran escala en múltiples plataformas de manera simultánea.
La mecánica del daño es brutal: el agresor crea o difunde una imagen falsa pero verosímil del menor en una situación comprometedora. La víctima pierde el control de su propia imagen. Y lo que se destruye en segundos —la reputación, la confianza, la autoestima— puede tardar años en recuperarse, o no recuperarse nunca.
Hay otro factor que agrava el problema: los niños y adolescentes confían demasiado en las herramientas digitales y muchas veces no pueden distinguir si están interactuando con una persona real o con un sistema automatizado. Esto los hace especialmente vulnerables a la manipulación y a la desinformación. Un perfil falso, una voz clonada, un video fabricado: el agresor ya no necesita mostrarse. La tecnología hace el trabajo por él.
En Colombia, el escenario es especialmente preocupante. Según UNICEF Colombia, grupos armados ya utilizan las redes sociales para reclutar a niños y adolescentes mediante promesas falsas. La misma tecnología que un estudiante usa para ver videos antes de dormir puede convertirse en la puerta de entrada a formas de violencia que los adultos de su entorno ni siquiera imaginan.
Cinco rutas para proteger a niños y adolescentes sin aislarlos del mundo digital
La respuesta no está en el miedo ni en la prohibición total. Está en la educación, el acompañamiento y las herramientas adecuadas. Estos son los cinco pilares que organismos internacionales, expertos en educación y entidades como UNICEF señalan como el camino:
- Alfabetización digital crítica. Enseñar a los niños y adolescentes a identificar contenido falso, reconocer manipulación y entender cómo funciona la IA. Saber que un video puede ser fabricado es el primer escudo frente al ciberacoso.
- Diálogo escolar sin juicio. Los niños y adolescentes callan cuando sienten que serán regañados. Crear espacios de confianza en el colegio donde hablar de lo que ocurre en línea sea tan natural como hablar de una clase cambia todo.
- Programas de prevención del bullying con enfoque colectivo. El acoso escolar —presencial o digital— no se resuelve castigando solo al agresor. Se necesita transformar el entorno completo: docentes, estudiantes y comunidad educativa.
- Supervisión activa sin vigilancia invasiva. Establecer acuerdos de uso responsable, revisar periódicamente las configuraciones de privacidad en redes sociales y mantener canales abiertos entre estudiantes y orientadores.
- Rutas claras de denuncia. Según la ONU, 1 de cada 2 niños y adolescentes en el mundo no sabe cómo ni dónde reportar un caso de ciberacoso. Informar sobre los canales disponibles puede marcar la diferencia.
La noche no tiene que ser el momento más peligroso
Cada noche, mientras niños y adolescentes colombianos navegan solos en sus cuartos oscuros, hay una decisión institucional y comunitaria pendiente. No se trata de quitarles el teléfono. Se trata de acompañarlos con conocimiento, confianza y herramientas reales para que, si algo malo ocurre, sepan que no están solos.
La ONU también señala a la IA como parte de la solución: herramientas basadas en inteligencia artificial para detectar contenidos perjudiciales ya están siendo desarrolladas e implementadas por algunos gobiernos y organizaciones. La misma tecnología que puede usarse para dañar, puede usarse para proteger. La pregunta es quién tiene el control y con qué valores.