¿Necesitamos soluciones locales o soluciones que funcionen?

Cuando un colegio evalúa un programa para prevenir el bullying, suele surgir una pregunta legítima: ¿es conveniente implementar una metodología desarrollada en otro país? ¿Puede una solución creada en Europa responder a los desafíos de América Latina?

La respuesta comienza con otra pregunta: ¿el bullying es realmente tan diferente entre países?

La evidencia parece indicar que no.

Según un reciente informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el bullying continúa siendo uno de los desafíos más persistentes para los sistemas educativos a nivel mundial. Dependiendo de la metodología utilizada, entre el 9% y el 46% de los estudiantes reportan haber experimentado situaciones de acoso escolar de forma recurrente.

Los datos son contundentes:

 

 

Nota: En HBSC 2022, solo se consideró que un estudiante era víctima de bullying si reportó haber experimentado al menos dos o tres comportamientos de acoso al mes.

Fuentes: HBSC (2023), Data Browser (resultados de la encuesta internacional HBSC 2021/22), consultado el 27 de agosto de 2025; OECD (2023), Resultados de PISA 2022 (Volumen II); OECD (2024), Fomentando el aprendizaje social y emocional en todo el mundo: hallazgos del OECD SSES 2023; Reynolds et al. (2024), Aspectos del bienestar estudiantil y el rendimiento en lectura en PIRLS 2021; y von Davier et al. (2024), Resultados internacionales de TIMSS 2023 en Matemáticas y Ciencias.

Las cifras cambian entre países, pero el fenómeno mantiene características comunes: exclusión, abuso de poder, intimidación, afectación emocional y deterioro de la experiencia escolar.

Un problema que afecta mucho más que el bienestar emocional

Durante años se entendió el bullying como un problema entre un agresor y una víctima. Hoy sabemos que sus efectos alcanzan a toda la comunidad educativa.

La OCDE identifica consecuencias en tres niveles:

Impacto en el estudiante

Los estudiantes que sufren bullying presentan mayores niveles de ansiedad, depresión, baja autoestima y dificultades socioemocionales. Además, tienen más probabilidades de faltar a clases y mostrar una menor conexión con la escuela.

Impacto en el aprendizaje

Las víctimas de acoso tienden a obtener peores resultados académicos y presentan un menor compromiso con su proceso educativo. Cuando un estudiante no se siente seguro, aprender deja de ser su prioridad.

Impacto en la institución

El bullying deteriora el clima escolar, afecta el sentido de pertenencia y puede influir en indicadores clave para cualquier colegio, como la convivencia, la retención estudiantil y la satisfacción de las familias.

El bullying no es un problema individual. Es un fenómeno social.

Uno de los hallazgos más relevantes del informe es que el bullying ya no se entiende únicamente como una interacción entre dos estudiantes.

Las investigaciones actuales muestran que intervienen múltiples factores:

  • Las normas sociales del grupo.
  • La cultura escolar.
  • El comportamiento de los observadores.
  • La respuesta de los docentes.
  • Las dinámicas de convivencia dentro y fuera del aula.

Esto explica por qué muchas intervenciones centradas únicamente en sancionar al agresor o apoyar a la víctima tienen resultados limitados.

Si el problema involucra a toda la comunidad, la solución también debe hacerlo.

El ciberbullying confirma que el problema es global

La OCDE también destaca que el bullying presencial y el digital están profundamente conectados.

Los estudiantes que sufren acoso en el colegio tienen mayores probabilidades de experimentar ciberbullying, ampliando el alcance y la frecuencia de la victimización.

Por esta razón, los expertos recomiendan abandonar la idea de tratar ambos fenómenos por separado y adoptar estrategias integrales que respondan a la realidad actual de los estudiantes.

Entonces, ¿necesitamos soluciones locales o soluciones que funcionen?

La evidencia internacional apunta en una dirección clara.

Las intervenciones más efectivas comparten características similares independientemente del país donde se implementen:

  • Prevención para toda la comunidad educativa.
  • Formación de docentes y equipos escolares.
  • Participación activa de los estudiantes.
  • Monitoreo constante.
  • Evaluación de resultados.
  • Intervenciones focalizadas cuando son necesarias.

En otras palabras, los programas exitosos no se definen por su origen geográfico, sino por la evidencia que respalda su efectividad.

Una decisión institucional que marca la diferencia: KiVa

KiVa nació en Finlandia, pero fue diseñado para abordar dinámicas humanas presentes en cualquier entorno escolar: la influencia del grupo, el papel de los observadores y la construcción de una cultura donde el bullying deja de ser aceptado.

Respaldado por más de dos décadas de investigación científica y adoptado por cientos de colegios en distintos países, KiVa representa precisamente lo que hoy recomiendan los expertos y organismos internacionales: una estrategia integral, preventiva y basada en evidencia.

La pregunta para los colegios ya no debería ser dónde fue creada una solución.

La verdadera pregunta es si esa solución ha demostrado proteger a los estudiantes, fortalecer la convivencia y generar resultados medibles.

Porque cuando se trata del bienestar de niños y jóvenes, lo que importa no es el lugar de origen de una metodología.

¡Lo que importa es que funcione!.